domingo, 16 de octubre de 2016

Su ídolo

Llevaba desvividos 14 años cuando conocí a Ethan Hawke. Por ese entonces tenía unas pelusas asquerosas tanto en el mentón como en el espacio entre mi nariz y la boca, a esto se suma un acné monstruoso, baja autoestima y decepción por mí mismo; una combinación perfecta.

En esos tiempos aún teníamos cable en la casa, es inevitable no mencionar que esto guarda una obvia relación con la vida que llevábamos en aquellos años. No muy aspiracional pero si  cómoda, patrocinada por el banco y resguardada en un condominio culiao. Bueno, estaba yo como en un día cualquiera haciendo zapping entre la corrida de canales infantiles y los canales de música cuando me percato que en el VH1 comenzaba una película donde actuaba Winona Ryder (washita). Aprieto el botón info en mi control marca Telefónica y leo al pasar la descripción de la película: un grupo de jóvenes se buscan la vida durante los alternativos años 90s, o una wea así. Más que suficiente para que un pendejo rata de Wikipedia y alucinao con todo lo relacionado con la década anterior enganchara un poco. 

La película se llamaba Reality Bites y a partir de esa primera vez, la vi compulsivamente cada vez que durante ese mes aquel canal la transmitía. La trama, la estética y sobre todo Winona Ryder la hacían sumamente atractiva, pero en realidad lo que realmente me CALENTABA era Ethan Hawke. Ese rubio desgarbado que respiraba por la boca, tenía los dientes chuecos y la impronta de ser una especie de Don Ramón en sus veintes pero versión caucásico, me paraba más que sólo el corazón. Me enamoré perdidamente. Ni siquiera era el personaje en cuestión el que me gustaba, sin lugar a dudas mi objeto de fascinación fue el actor.

Desde ese entonces comenzó una cruzada digna de cualquier quincianiera nacida en la era del calcetineo en la cual por todos los medios posibles vi casi el total de sus películas realizadas a la fecha. Esto fue acompañado por una especie de juego permanente en el que intentaba comportarme como yo estaba seguro que él lo haría. Por que quería ser como él, quería ser él, pero también quería ser yo amándolo y el reciprocicrando mi amor.

A la chucha quedó Winona, Shakira, la Andrea del segundo medio A, el pendejo de Terminator 2, y todos los amores platónicos de por ese entonces. Ahora mi corazón, mi cabeza de arriba y mi cabeza de abajo solo palpitaban por este semidios precioso y tristemente inalcanzable, no solo como un pretendido, sino también como un ejemplo a seguir.

No voy a dar la lata hablando de sus otras tantas películas y personajes realizados, por que como ya he dicho anteriormente para mi el actor primó siempre por sobre sus ficciones.  Y es que aún cuando suena degradante decir que un actor actúe siempre de sí mismo, considero que con Ethan Hawke este posible defecto pasa a segundo plano. Se que hasta ahora he sonado muy superficial con respecto a esta idolatría, pero la verdad, su belleza física y atractivo sexual es sólo uno de los aspectos involucrados. Ethan Hawke hasta el día de hoy me simboliza la decencia y la probidad que en estos tiempos parecieran ser cualquier cosas menos virtudes. Él es la representación perfecta del hombre de bien, el “buen tipo”; aquel que es inteligente y no es pillo. Aquel que sabe que todos somos la misma mierda con distintos olores, por lo que sus ojos y su mente no tienen cabida para estupideces como el anhelo de superioridad, el interés material de la gente por sobre la calidez y simpatía que nos pudiera generar, y un largo etc de estupideces que tristemente me atrevería a equiparar con el infinito en términos de cantidad y wea.

Hoy ya no quiero ser Ethan Hawke, tampoco me quiero comportar como él, ni menos culiarmelo (esto último al menos no de manera consciente).

Hoy soy mi propio ídolo, y puta que me gusta serlo. 






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